PRL en el uso de tecnologías de comunicación: tecnoestrés

12 junio 2018

La Prevención de Riesgos Laborales, como campo en continua evolución, forzada por el propio cambio en la forma de trabajar de todos nosotros en la actualidad, apunta desde una de sus ramas, la Psicosociología Aplicada, al uso ya casi completamente generalizado de las nuevas tecnologías para el trabajo del día a día, y su incidencia sobre la salud laboral.

Las llamadas TIC´s (Tecnologías de la Información y Comunicación), qué duda cabe, brindan una más que estimable ayuda en el trabajo diario, proporcionando un acceso global e inmediato a toda clase de información y formas de comunicación dentro de la organización empresarial.

Problemática: nuevas formas de estrés

De igual forma, surgen determinados efectos negativos asociados a su uso. Es el llamado de forma general tecnoestrés, y sus tres diferenciaciones principales: tecnoansiedad, tecnoadicción y tecnofatiga. Las causas de estos desórdenes van desde la falta de adaptación a las nuevas formas de trabajo, a la dependencia absoluta de estas tecnologías, pasando por la fatiga mental y el cansancio asociado al uso o abuso de las TIC.

Uno de los principales estresores en una empresa es el uso del correo electrónico, acentuado en los últimos tiempos con la llegada de smartphones y tabletas, que prolongan su uso fuera de la oficina y del horario de trabajo.

Según resultados de una investigación realizada en el Reino Unido por la Loughborough University en 2013, al 83% de los empleados públicos les aumentaba el ritmo cardíaco al recibir o enviar un email. Y entre el 12 y el 15% de ellos presentaban síntomas de adicción al correo, y respondían a los mensajes en menos de 6 segundos.

A todo lo dicho se suma el hecho de que en la actualidad carecemos de métodos válidos para medir el impacto del tecnoestrés en las personas, más allá de la aplicación de algunos test específicos sin fiabilidad contrastada.

Solución: nuevas formas de comunicarse

Poco a poco, las empresas están empezando a tener conciencia de la problemática que esto supone, tanto a nivel de salud laboral, como en el agujero de productividad que supone una mala gestión de los sistemas de comunicación interna.

Empresas como Ferrari limitan el número de correos que sus empleados pueden enviar o recibir al día, bajo el lema “menos correos electrónicos y más dialogo con tus compañeros”. En la misma linea, está el caso del alcalde de la localidad japonesa de Hirata, Mitsuyasu Ota, que decidió decretar un “día sin ordenadores” semanal en su consistorio para fomentar el uso de la escritura tradicional y el diálogo entre funcionarios, con resultados parece que más que satisfactorios. Otras empresas, simplemente optan por limitar de forma estricta el horario de consulta del buzón de correo en la jornada laboral.

En general, la tendencia es volver a recuperar el diálogo directo como medio para acortar los tiempos de resolución de incidencias y, con ello, reducir el nivel de estrés que implica un buzón saturado de correos pendientes de atender.

Se puede concluir que los efectos de estas nuevas tecnologías dependen en gran medida del uso que se haga de ellas, por lo que el mejor método de prevención pasa por la moderación y el sentido común, evitando la necesidad de estar “conectado” en todo momento.

José Antonio Padilla Valenzuela
Técnico Superior de Prevención de Riesgos Laborales
Grupo Preving

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